sábado 9 de mayo de 2009

Saiko Dei

Denominamos psycho day (se dice saiko dei) a los días viernes en que yo y dos amigos más salimos a recorrar las ya majaderas calles de Providencia, con los mismos lugares de siempre, con las mismas tiendas vendiendo las mismas cosas, y con los mismos vendedores de siempre. Aún así, amamos Providencia. Y es que el saiko dei no sólo implica recorrer las calles de la comuna, sino que además psicopatear a la gente. Dentro de nuestra definición de psicopatismo vierneril se encuentra el seguir a las personas (nuestras presas preferidas son los grupos de niñas adolescentes) hasta donde sea que vayan; escuchar conversaciones ajenas y espiar a la gente.

Una de las primeras cosas que me puse a pensar desde que comenzó nuestra tradición, fue el fuerte interés de ciertas personas por invadir la privacidad ajena. Claro, lo nuestro ni siquiera se acerca por ese lado (es un simple entretenimiento o incluso podríamos decir que es nuestro análisis y estudio del comportamiento de los seres humanos y de los grupos de personas), pero si un trio de personas naturalmente sanas se dedica a hacer esto, me pregunto cuántos psicópatas reales harán lo mismo, y no con intenciones tan triviales como las nuestras, lo que en el fondo casi nos lleva a entender al trastornado, aunque no necesariamente a aceptarlo.

El saiko dei del día de hoy fue quizás el mejor que hemos vivido en nuestras vidas, especialmente porque no salimos ganando. Seguimos a un grupo de 5 niñitas que parecía tener 15 o 16 años, vestidas de uniforme y recién salidas del colegio. Pero este grupo de niñas al parecer fue más inteligente que nosotros. Se dieron cuenta casi a los quince minutos que las estábamos siguiendo, y la situación terminó en un completo mal entendido. Nos engañaron, nos hicieron perderlas de vista, fueron más rápidas que nosotros, se cambiaron los roles y comenzaron a seguirnos casi profesionalmente y además adivinaron todos nuestros movimientos poniéndonos finalmente en una especie de jaque mate. Podríamos decir que estuvimos casi una hora entera en este juego del gato y el ratón, entremedio que sucedían cosas rarísimas a nuestros ojos.

Pero la verdad es que fue gracioso, y muy, muy divertido. Cuando creímos que habíamos dominado a las niñitas nos dimos cuenta que fueron ellas más inteligentes que nosotros y fueron finalmente ellas las que nos terminaron por dominar. Al final se escaparon y no pudimos completar nuestra misión. Pero será la experiencia la que nos hará triunfar en un próximo saiko dei, el día en que todos los seres humanos nos aceptamos como voyeristas de primer nivel.