No sé cuánto tiempo puedo pasar aquí esperando algo, esperando nada. Esperando que mágicamente me baje la inspiración y este espacio en blanco se vaya llenando solo. Y no es que no tenga nada que decir; al contrario, tengo tanto que decir que ni siquiera sé por donde empezar. No lo llamaría necesariamente perder el tiempo, porque irme a acostar sin sueño es casi lo mismo, es decir, implicaría cabecearme un buen rato hasta que me quede dormido.
Recuerdo un período de mi vida donde era muy infeliz y nadie se daba cuenta. Eran días tan agotadores que esperaba el fin de semana impacientemente, o esperaba la noche para poder descansar un poco de lo mal que lo pasaba. Eran tiempos en que amaba dormir, porque dormir no sólo me alejaba del mundo sino que además, me lo modificaba y lo hacía perfecto. Tan esperanzadoras eran esas noches, que me daban el ánimo suficiente para volver a enfrentar otro día con la fuerza de un re-born.
Madurar (o creer madurar) cambia muchas cosas. Ya no disfrutas tanto dormir, porque ya no disfrutas tanto soñar. Para eso está la música, los libros y especialmente las películas. Te hacen creer en ciertos mundos, en ciertas esperanzas, y por mucho que al final sepas que son casi imposibles, saborearlas un poco no tiene nada de malo. Pero creer que realmente lo vives es otra cosa, y nadie quiere vivir de una ilusión.
Ahora, no se cómo, pero todo el mundo sabe cuando estoy mal: todos se dan cuenta. No sé que tan obvio pueda ser, pero es casi imposible no demostrarlo. Y hay ciertas veces en que una buena conversación con una buena persona y con un buen consejo o con un buen intento, equivalen a una buena película pero nunca a un gran sueño.
Hay ciertas personas (como la que me acompaña mientras escribo esto), que son partidarias de una verdad que te haga daño a una mentira que te haga feliz. Conozco a otras que prefieren vivir de una ilusión. Yo siempre he preferido la verdad por mucho daño que me haga y, lamentablemente, por mucho daño que haga. ¿Qué tan bien me puedo sentir siendo que mis verdades hacen tanto daño? ¿No sería mejor ser un mentiroso que te haga feliz?
Pero bueno. Pasó más de una hora y no me di ni cuenta cuando te fuiste. No sé cuánto tiempo puedo pasar aquí esperando algo, esperando nada. No sé cuánto tiempo en falso estoy dispuesto a seguir esperando.
miércoles 9 de diciembre de 2009
Tiempo en Falso
Publicado por AleBand en 02:33
Etiquetas: Adolescencia, Amistad, Amor, Expresión, Inspiración, Personal, Sueños
martes 8 de diciembre de 2009
miércoles 2 de diciembre de 2009
Chau Psu
Una de las mentiras más grande del momento es que el tema PSU se haya acabado. Terminamos las pruebas, sí, pero la peor parte aún no comienza. Son 19 días de espera de los resultados, 19 días de entrevistas personalizadas y con las mismas preguntas de siempre. Una especie de pesadilla intermitente, a la espera de un gran sueño que se haga realidad.
Necesito buenos resultados por varias razones, aunque trato de concentrarme en solo una que es realmente la única que importa. La gente suele retarme porque me dejo llevar por presiones sociales que tratan de convencerme de ciertas cosas o, aun peor, tratan de tirarme para abajo en este mundo donde las cosas menos importantes generan competencia entre las personas.
Debería irme bien por el simple hecho de que he sido un buen estudiante toda mi vida (por razones ajenas a mi, cabe destacar) y que por tanto, debería rendir los mismos frutos en una prueba que es absolutamente fácil. No soy partidario de perder el tiempo, por lo que el próximo año me gustaría entrar a una universidad sí o sí. Nunca he soñado con la Cato ni la Chile, y aunque si quedar ahí sería extremadamente maravilloso, las privadas nunca me han hecho mucho daño.
No se. No tengo idea cómo me fue. Sólo se que no saldré en el diario, a si que perdón por los que se hicieron ilusiones. Yo no me las hice, y tampoco se las hice a ustedes. No se me enojen. Ay, ya empecé con las presiones sociales.
Publicado por AleBand en 13:41
Etiquetas: Miedo, Psicología, Sociedad, Sueños
viernes 27 de noviembre de 2009
Volver
Una de las cosas más difíciles en relaciones humanas tiene que ver con el volver. Después de encontrones, peleas, diferencias, tiempos o distancias, volver siempre ha sido complicado. La persona que vuelve no necesariamente le importa más la relación que a la que no vuelve, pero por el simple hecho de volver, se merece el mundo entero.
Volver incluye de partida, valorar, querer, aceptar, respetar y extrañar la relación. Volver, además, incluye atreverse. Yo no me atreví y lo lamento. Lo pensé mil quinientas veces, y nunca lo concreté. Y la verdad nunca he sido muy partidario de que la intención es lo que vale, a si que haberlo pensado no alcanza a darme bonos extras.
Finalmente no me queda otra que agradecer y afirmar que volver siempre trae consecuencias como el qué hubiese pasado si, y el todo pasa por algo. Ah y también felicidad... sobre todo felicidad.
martes 17 de noviembre de 2009
Morir a los 70
Morir a los 70 es morir relativamente joven. Morir a los 70 equivale perderse un par de cosas que quizás valía la pena esperar ver. Morir a los 70, en el fondo, es semi-injusto. Pero la verdad es que a veces la vida se agota antes y vivir ya no es lo que era antes, sino que era una especie de "muerte en vida". ¿Cómo se sentirá vivir un último cumpleaños, una última navidad, una última graduación, una última semana, un último viernes, una última hora? Para los creyentes, quizás, no sea tan malo.
Solo ahora recién me di cuenta de lo que significaba realmente morir a los 70. Son miles las etapas que se pierden y miles las experiencias que no se viven. Hay días en que realmente uno prefiere vivir las cosas solos, sin mucho mediatismo, sin mucho sensasionalismo. Hay otras, como las que vienen ahora, que son mejor vivirlas acompañado; pero morir a los 70, no te lo va a permitir.
viernes 13 de noviembre de 2009
Si Me Pierdo Es Porque Quiero
Quedan 16 días para dar la PSU y tengo gran parte del mes ocupado. Me faltan 180 páginas del libro de historia y finalmente podré decir que estoy preparado para dar la prueba. 180 páginas no es un número fácil, y menos cuando entre presión y cosas que hacer, hay poco tiempo. Se vienen cumpleaños de amigos y de familiares. Se vienen también las últimas actividades de fin de año y de fin de colegio, tales como misa de cuartos medios, licenciatura de cuartos medios y la bendita fiesta de graduación. Todos momentos para llorar un poco y extrañar. También sigo haciendo clases particulares (gratis) a mis amigos para que les vaya bien en la prueba, donde aprovecho de repasar las materias y de hacer labores sociales. También tengo planeado ir al cine para relajarme un poco; planeo ver "La Ola", una película alemana, y "District 9", una película gringa. Ya vi Inglourious Basterds y me pareció más que genial. Siguiendo con las actividades, también el 26 de noviembre con un par de amigos tocaremos música para unos niños que tienen cáncer, una obra que no hubiese hecho por iniciativa propia, pero que si fuera creyente diría que es una prueba que debo vivir, según Dios, y que estoy muy agradecido de que me la ofrecieran. Y por último, la PSU. 30 de noviembre y 1 de diciembre son los días elegidos, los días decisivos, las 48 horas del amor. Después de esos días y entre que me entreguen los resultados, probablemente me pierda y no responda muchas preguntas, hasta el día que alguna buena nueva aparezca en mi camino. Antes de eso, no esperen nada más que un gran silencio.
domingo 25 de octubre de 2009
Nadie Se Enoja
Que complicado es darse cuenta en las últimas semanas del colegio que tus verdaderas amistades siempre estuvieron ahí, mirandote a lo lejos, queriéndote a distancia, y tú no te dabas cuenta. Que tu mejor amigo de toda la vida al parecer era solo una pequeña ilusión de una triste soledad. Que las diferencias de intereses entre tus compañeros no eran un factor determinante en una relación. Que privatizar a los amigos es lo peor que puedes hacer, porque el día que uno desaparezca, te quedas solo. Que has perdido demasiado tiempo con tus compañeros cuando podrias haber pasado una vida entera con ellos. Que dejaste pasar miles de experiencias nuevas por depender de una sola persona. Y que 8 años de amistad quizás nunca existieron.
Esta historia no es mía, pero soy parte de esta historia. Este es un claro ejemplo de madurez, de más vale tarde que nunca, y también de que no hay que nunca arrepentirse de nada, porque solo así es posible darse cuenta de todo esto. Tuvimos que esperar mucho, pero la recompensa fue más grande. Total, último día, nadie se enoja.
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